5 de enero de 2026
Autor: Carlo De La Llata Gómez
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La experiencia diaria en las grandes ciudades se caracteriza hoy por una dinámica intensa: agendas apretadas, múltiples estímulos constantes, exigencias laborales y sociales cada vez mayores, así como una tecnología que redefine la manera en que nos comunicamos, trabajamos y vivimos. Si bien estos cambios han facilitado muchos aspectos de la vida y abierto nuevas posibilidades, también han incrementado el desgaste emocional y mental de las personas. Este contexto plantea interrogantes relevantes sobre el bienestar psicológico y el papel que desempeña la psiquiatría en un entorno cada vez más demandante.
En este panorama, la psiquiatría se encuentra en un momento de reflexión y transformación. Los tratamientos tradicionales han sido fundamentales para mejorar la vida de millones de personas; sin embargo, no siempre logran resolver por completo el malestar, y en muchos casos los síntomas persisten o reaparecen con el tiempo. Frente a esta realidad, surge un interés creciente por comprender cómo el cerebro puede adaptarse, cambiar y fortalecerse, convirtiendo esta capacidad en una pieza clave tanto para las estrategias terapéuticas actuales como para las que se desarrollarán en el futuro.(1,2) .
Por ello se hablara el día de hoy sobre la neuroplasticidad, la cual es la capacidad del cerebro y del sistema nervioso para reorganizarse, crear nuevas conexiones e incluso generar nuevas neuronas en la vida adulta. Si el cerebro puede cambiar así, surge la pregunta: ¿podemos diseñar intervenciones que “enseñen” al cerebro a salir de los circuitos enfermos que mantienen la obsesión, la depresión o la ansiedad severa? (1,3).
Estudios recientes se plantearon precisamente esto: comparar la efectividad de tratamientos que promueven la neuroplasticidad como la estimulación cerebral profunda (DBS), la estimulación magnética transcraneal repetitiva (rTMS) y la D-cicloserina (DCS) frente a tratamientos convencionales en distintas patologías psiquiátricas, poniendo especial atención en los síntomas, la funcionalidad y las posibilidades de remisión. (4,5). Más allá de los números, esto abre una pregunta bioética de fondo: ¿estamos frente a una nueva generación de tratamientos en salud mental?(6)
Neuroplasticidad: un cerebro que se puede adaptar
Cómo lo comentamos la neuroplasticidad se refiere a la capacidad del cerebro para adaptarse a lo largo de la vida frente a nuevas experiencias, aprendizajes o incluso situaciones de daño. Esta adaptación ocurre tanto a nivel del funcionamiento cerebral como de su organización interna, lo que permite que el sistema nervioso se ajuste de manera continua a las circunstancias que enfrenta. (1,3)
En el plano funcional, estos cambios se producen en las conexiones entre las neuronas, conocidas como sinapsis. Algunos ajustes son inmediatos y de corta duración, relacionados con la forma en que el cerebro regula sus mensajeros químicos para responder a estímulos del entorno. Otros cambios, en cambio, se consolidan con el tiempo, dejando una marca más duradera que influye en la manera en que se procesa y conserva la información. (1,7).
Desde una perspectiva más estructural, la neuroplasticidad implica transformaciones físicas en el cerebro. Entre ellas se encuentra la creación de nuevas conexiones entre neuronas, el fortalecimiento de circuitos ya existentes —como ocurre cuando una habilidad se practica repetidamente— y, en ciertas regiones del cerebro adulto, la aparición de nuevas neuronas que pueden integrarse a estas redes. Gracias a estos procesos, el cerebro puede aprender, compensar dificultades y desarrollar respuestas más adaptativas frente a su entorno.
Un ejemplo claro se observa cuando una persona con depresión incorpora cambios positivos, como la actividad física y el acompañamiento terapéutico. Con el tiempo, su cerebro puede reorganizar sus conexiones, fortalecer circuitos relacionados con la regulación emocional e incluso favorecer la formación de nuevas neuronas en áreas clave, lo que se traduce en una mejor respuesta al estrés y una mayor estabilidad emocional. (1,5)
Para entenderlo de forma sencilla, el cerebro no es una estructura rígida e inmutable, sino un sistema dinámico, similar a una ciudad en constante transformación. Algunas experiencias difíciles pueden deteriorar ciertas rutas de comunicación, mientras que intervenciones adecuadas, un entorno de apoyo y tratamientos efectivos pueden reactivar y fortalecer esas conexiones. (1,5)
En psiquiatría, muchos trastornos como la depresión persistente, el trastorno obsesivo-compulsivo o la esquizofrenia están asociados con circuitos cerebrales que funcionan de manera poco saludable.
Desde una mirada ética y cotidiana, este conocimiento ofrece un mensaje alentador: el cerebro tiene la capacidad de cambiar. Esto no solo abre una puerta a la esperanza, sino que también plantea una responsabilidad compartida. Si el cerebro puede transformarse, es fundamental preguntarnos cómo, desde los sistemas de salud, la práctica profesional y la sociedad en general, estamos contribuyendo a cuidar y orientar ese potencial de cambio.
Cuando los tratamientos actuales comienzan a generar sinergía con las nuevas terapeuticas
Algunos de los tratamientos en psiquiatría se enfocan sobre todo en ajustar el equilibrio de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina.(2)
Hoy están cobrando fuerza intervenciones que reorganizaran el cerebro como lo entendemos: la DBS (estimulación cerebral profunda), que modula partes del cerebro implicados en emociones y compulsión, o la rTMS (estimulación magnética transcraneal), que ajusta la activación de áreas clave de la corteza cerebral, y la DCS (D-cicloserina), que potencia el aprendizaje durante la terapia cognitivo-conductual (TCC). (4–6,8)
Desde la bioética clínica, esto obliga a replantear la responsabilidad de ofrecer a los pacientes alternativas proporcionadas al nivel de sufrimiento y de riesgo.
La pregunta bioética es directa:
Con lo anterior, es importante plantear una serie de preguntas bioéticas:
- ¿cómo evitar que estos avances se queden solo en unos pocos centros de alta especialidad?
- ¿qué criterios justos debemos usar para decidir quién accede a tecnologías costosas como la DBS?
- ¿cómo acompañar, desde la clínica y la ética, los cambios en identidad, funcionamiento y proyectos de vida que aparecen cuando el cerebro se reorganiza de forma tan profunda?
Una psiquiatría alineada con la dignidad y la justicia no puede limitarse a “tener evidencia”. Debe traducir esa evidencia en políticas públicas, guías clínicas y esquemas de financiamiento que hagan posible un acceso responsable a estas terapias.
Tres claves bioéticas:
- No todo lo técnicamente posible es moralmente obligatorio, pero ignorar sistemáticamente una opción eficaz es igualmente asumir un costo moral.
- La neurotecnología no puede ser solo para personas con recursos economicos que se permitan estas terapias: si un tratamiento cambia vidas, hay que discutir cómo incorporarlo de manera gradual, priorizando a quienes más se benefician y con criterios transparentes.
- Los cambios en el cerebro son cambios en la biografía, no solo en la biología: acompañar en terapeutica a nivel cerebral implica hablar de identidad, relaciones, trabajo, proyectos de vida, no solo de escalas de síntomas.
¿Cómo iniciar a generar una neuroplasticidad que nos acompañe día con día y podamos ver resultados?
Además de las intervenciones médicas y tecnológicas, hay prácticas cotidianas que también favorecen la neuroplasticidad. La evidencia sugiere, por poner unos ejemplos claros, que el ejercicio regular, el mindfulness, el yoga, los momentos breves de respiración consciente pueden ayudar al cerebro a regular el estrés, fortalecer conexiones neuronales y mejorar funciones como la atención y el estado de ánimo.(2,7). Esto no sustituye tratamientos, o la consulta psiquiátrica directamente.
Por ello es importante entender la terapéutica psiquiátrica actual como un todo: una combinación de herramientas clínicas y terapéuticas, así como hábitos de vida que, desde nuestra propia trinchera, podremos apoyar a la recuperación y proteger la salud mental con acciones diarias, realistas y sostenibles. Importante mencionar que el cuidado de la salud mental es vital con o sin algún padecimiento patológico.(1,2)
Los ejemplos claros son:
- “Una caminata de 20–30 minutos la mayoría de los días no ‘cura’ la depresión, pero sí crea un contexto biológico más favorable para que la terapia y los fármacos funcionen mejor.”(7).
- “Dormir mejor no es un lujo: es parte del ‘cuidado de la plasticidad’ del cerebro.”(7) .
Conclusión
La neuroplasticidad aporta una perspectiva poderosa para pensar la psiquiatría actual: sugiere que, incluso en cuadros complejos, existen márgenes reales para modificar patrones profundamente arraigados. Esto no significa prometer soluciones rápidas, sino reconocer que el tratamiento puede orientarse no solo a “sentirse menos mal”, sino a recuperar capacidades concretas: sostener rutinas, retomar vínculos, tomar decisiones con mayor claridad y reconstruir proyectos personales que el padecimiento había ido limitando.
En este marco, las intervenciones innovadoras pueden ampliar el repertorio terapéutico. Sin embargo, su valor no depende únicamente de la novedad, sino de cómo se integran en planes de atención completos, con indicaciones bien definidas, evaluación cuidadosa de beneficios y riesgos, y un acompañamiento clínico que no se reduzca a procedimientos, sino que considere a la persona en su totalidad.
Aquí aparece el núcleo bioético: garantizar que estas alternativas se ofrezcan con criterios transparentes y que el acceso no quede determinado por la capacidad económica, la ubicación geográfica o la disponibilidad en pocos centros. Hablar de justicia en salud mental implica pensar en mecanismos graduales y responsables de incorporación, en regulaciones claras, en capacitación profesional y en modelos de seguimiento que protejan la seguridad del paciente y la calidad de la atención.
Además, cualquier tratamiento que produzca cambios significativos en el funcionamiento mental puede traer ajustes en la vida diaria: nuevas formas de relacionarse, de afrontar responsabilidades o de reinterpretar experiencias pasadas. Por eso, el cuidado no puede limitarse a indicadores clínicos; requiere espacios de acompañamiento que ayuden a integrar los cambios de manera estable y significativa, con respeto por los valores, metas y contexto de cada persona.
En conjunto, esta visión invita a una psiquiatría más integral: científica, sí, pero también prudente, cercana y humana. Si el cerebro conserva capacidad de transformación, el desafío bioético es convertir esa posibilidad en atención de calidad, con decisiones informadas, protección frente a desigualdades y un compromiso real con el bienestar y la dignidad de quienes viven con sufrimiento psíquico.
Bibliografía
- Cramer SC, Sur M, Dobkin BH, O’Brien C, Sanger TD, Trojanowski JQ, et al. Harnessing neuroplasticity for clinical applications. Brain. 1 de junio de 2011;134(6):1591-609.
- Shaffer J. Neuroplasticity and Clinical Practice: Building Brain Power for Health. Front Psychol [Internet]. 26 de julio de 2016 [citado 11 de diciembre de 2025];7. Disponible aquí
- Dan B. Neuroscience underlying rehabilitation: what is neuroplasticity? Dev Med Child Neurol. noviembre de 2019;61(11):1240-1240.
- Kinney KR, Hanlon CA. Changing Cerebral Blood Flow, Glucose Metabolism, and Dopamine Binding Through Transcranial Magnetic Stimulation: A Systematic Review of Transcranial Magnetic Stimulation-Positron Emission Tomography Literature. Pharmacol Rev. octubre de 2022;74(4):918-32.
- Cole J, Selby B, Ismail Z, McGirr A. D-cycloserine normalizes long-term motor plasticity after transcranial magnetic intermittent theta-burst stimulation in major depressive disorder. Clin Neurophysiol. agosto de 2021;132(8):1770-6.
- Kumar J, Patel T, Sugandh F, Dev J, Kumar U, Adeeb M, et al. Innovative Approaches and Therapies to Enhance Neuroplasticity and Promote Recovery in Patients with Neurological Disorders: A Narrative Review. Cureus [Internet]. 15 de julio de 2023 [citado 11 de diciembre de 2025]; Disponible aquí
- Pickersgill JW, Turco CV, Ramdeo K, Rehsi RS, Foglia SD, Nelson AJ. The Combined Influences of Exercise, Diet and Sleep on Neuroplasticity. Front Psychol. 26 de abril de 2022;13:831819.
- Ashkan K, Rogers P, Bergman H, Ughratdar I. Insights into the mechanisms of deep brain stimulation. Nat Rev Neurol. septiembre de 2017;13(9):548-54.
Carlo De La Llata Gómez. Egresado de Medicina en la Universidad Anáhuac México Campus Norte (2019-2025), destaca por su experiencia, liderazgo estudiantil y trabajo en equipo. Ha sido Secretario de la Asociación Estudiantil de Psiquiatría y ha realizado su internado de pregrado en el Hospital Ángeles Querétaro. Posee habilidades en inteligencia emocional, empatía y pensamiento crítico, además de hablar inglés (nivel C1) y alemán (nivel B1). Su perfil personal enfatiza la creatividad, responsabilidad y capacidad de adaptación. Cuenta con experiencia en organización de proyectos y un trato cercano humano e integral. Actualmente se desempeña como coordinador de proyectos en CADEBI
Las opiniones expresadas en este texto son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la postura oficial de la Universidad Anáhuac México ni del Centro Anáhuac de Desarrollo Estratégico en Bioética (CADEBI). CADEBI promueve el diálogo académico plural, informado y respetuoso sobre los desafíos éticos de la salud mental y las neurociencias.
Más información:
Centro Anáhuac de Desarrollo Estratégico en Bioética (CADEBI)
Dr. Alejandro Sánchez Guerrero
alejandro.sanchezg@anahuac.mx






