Pasar al contenido principal

La Complejidad del Entorno


De acuerdo a cifras dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el segundo trimestre del año, la economía mexicana se contrajo 0.1% frente al trimestre previo, muy influido por el estancamiento del sector industrial, cuyo decremento fue de 0.3% y de 2.1% en el sector primario, en igual periodo. Si bien el consumo sigue mostrando un comportamiento positivo y de hecho la confianza del consumidor tuvo un aumento histórico en julio (14.8%) por el efecto AMLO, no así las exportaciones automotrices, que han mostrado un debilitamiento, como también una reversión en la inversión en construcción.
 

Otros signos de desaceleración son los resultados de los Indicadores cíclicos que confirman que la actividad productiva presenta un menor dinamismo. Así, el Indicador Adelantado, que se encarga de anticipar la posible trayectoria de la economía, hiló en junio su quinto mes a la baja, y su menor nivel desde mayo de 2017. Por su parte, el Indicador Coincidente, que refleja el estado general de la economía, se ubicó en mayo por debajo de su tendencia de largo plazo.
 

De esta manera, pareciera confirmarse que la economía mexicana entra al segundo semestre en una fase de atonía, que se pudiera ver agravada por un menor gasto público ante el cambio de administración del gobierno y de inversión privada, ya que muchos proyectos están detenidos hasta no saberse cuáles serán las nuevas reglas del juego, por mayores tasas de interés y por la continuada incertidumbre.
 

El hecho es que el país se enfrenta a un complejo entorno externo. Aparentemente las negociaciones dentro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) 2.0 han mejorado para México, que se ha dispuesto a aceptar un mayor contenido regional progresivo del sector automotriz del 62.5% al 70 u 80%, aún por definir, y 25-30% del automóvil fabricado en talleres donde se remunere a un tabulador superior a los 18 dólares por hora (lo que asegura que parte de la unidad se ensamble en EE.UU.). Además, se otorgará un periodo de implementación gradual de las nuevas reglas, a cambio de que el tratado se revise y no se termine, como sugiere la cláusula “Sunset”, cada 5 años. Otro de los aspectos negociados en pláticas recientes entre EE.UU. y México, es que 70% de las compras de aluminio de las armadoras deben ser de material regional, mientras que, en el caso del acero se definirá el porcentaje una vez que Canadá decida si es viable la propuesta. Si bien el encargado de la renegociación del TLCAN del gobierno en transición, Jesús Seade, ha declarado una posible firma antes del primero de diciembre. Con el proceso electoral estadounidense encima, se ve muy difícil -más no imposible- lograr un acuerdo, en principio, en agosto para que comenzara a materializarse a partir de 2019.
 

Aunado a esto, existe el riesgo de una mayor escalada proteccionista por las acciones del comercio exterior de Estado Unidos que derivarían en mayor inflación, a la vez que existe la posibilidad de aumentos adicionales en los precios de los energéticos y de los productos agropecuarios. Este escenario, inclina el balance de riesgos hacía una mayor inflación esperada y, por ende, el nivel actual de 7.75% de la Tasa de Interés Interbancaria es probable se modifique al alza antes de que termine el año.
 

En caso de que no se alcanzara un resultado favorable en las negociaciones del TLCAN en un futuro inmediato, los riesgos de presión al tipo de cambio, como también los efectos sobre la formación de precios, se materializarían.
 

En este contexto, las expectativas de inflación se han ajustado al alza de 4.0% a 4.25% en este año. En tanto que la previsión del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se ubique por abajo del 2% (en 1.8%), de acuerdo a nuestro estimado en el Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac.