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Turismo religioso: un viaje hacia uno mismo



Turismo religioso: un viaje hacia uno mismo

Las peregrinaciones, desde la Edad Media hasta nuestros días, han evolucionado en prácticas que combinan fe, turismo cultural, hospitalidad y desarrollo comunitario, manteniendo vivo un legado espiritual que inspira a millones de personas.

En la época medieval, las peregrinaciones fueron el principal motivo para recorrer largas distancias hacia lugares considerados sagrados. En Europa, estos viajes se realizaban principalmente con la esperanza de llegar a destinos como Jerusalén — donde se vivieron los pasajes de la vida de Jesús— o La Meca, para la tradición islámica. Posteriormente, se sumaron otros destinos como Roma, con las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo, y Santiago de Compostela, en España, lugar que según la tradición alberga la tumba del apóstol Santiago.

Los peregrinos provenían de distintos contextos sociales y se movían por diversas razones, como la penitencia, la gratitud por favores o milagros, la búsqueda de sanación, el cumplimiento de promesas, el anhelo de encontrarse uno mismo o renovar la fe y la esperanza.

Estas constantes peregrinaciones dieron origen a la hospitalidad: los monjes en monasterios y hospicios ofrecían cobijo y alimento durante el camino, lo que gestó una tradición de acogida que hoy sigue viva y se ha transformado en infraestructura turística, albergues y una red de servicios para quienes deciden emprender el viaje espiritual.

Con el paso del tiempo, las peregrinaciones no se perdieron, se transformaron. Actualmente, representan una fuerte combinación de devoción, turismo cultural y experiencias personales, centradas en el autoconocimiento, el encuentro comunitario y la valoración del patrimonio histórico. El camino de Santiago y la Basílica de Guadalupe son ejemplos de esta transformación espiritual y turística.

El Camino de Santiago no solo sigue latente, vive un auge global: en 2024, la Oficina del Peregrino emitió cerca de medio millón de “Compostelas”, el certificado oficial que acredita haber completado esta ruta. La mayoría de los participantes —aproximadamente 425 045 peregrinos— lo hizo a pie, aunque también se registraron peregrinos en bicicleta, a caballo, en barco e incluso en silla de ruedas, lo que evidencia la diversidad de formas de vivir esta experiencia.

En México, la peregrinación hacia Basílica de Guadalupe continúa siendo una manifestación masiva de fe, cultura e identidad. Cada año, millones de personas llegan de distintos puntos del país para celebrar el 12 de diciembre, día que se conmemora la aparición de la Virgen de Guadalupe. En 2024, más de 11 millones de personas recorrieron este Centro Mariano, para rezar, cantar, cumplir promesas, agradecer favores, renovar la fe, así como para tener un momento de introspección, comunidad y esperanza.

Sin duda, destinos como el Camino de Santiago, la Basílica de Guadalupe y Tierra Santa muestran cómo el turismo religioso integra lo espiritual con lo cultural y lo histórico con lo contemporáneo. No son solamente un viaje geográfico, sino un recorrido de introspección que promueven el conocimiento histórico y patrimonial.  Además de impulsar la economía local a través de albergues, servicios, guías turísticos y comercios en pueblos, ciudades y a lo largo de las rutas.

Las peregrinaciones son una muestra de comunidad y solidaridad, ya que unen peregrinos de distintos orígenes por la fe, quienes comparten experiencias, hospitalidad, testimonio y ofrecen una oportunidad de introspección y transformación: caminar, rezar, convivir y encontrarse con uno mismo.


Más información:
Dra. Blanca Estela Correa Guevara
blanca.correa@anahuac.mx 
Facultad de Turismo y Gastronomía